Elegir los entierros a los que vas
Vivir el duelo en la distancia: una de las experiencias más duras que puede atravesar un migrante
Se ha cumplido ya un año desde que pusimos en marcha el curso 100% online sobre psicología de la migración de Mentes Migrantes. En este tiempo, cerca de 200 alumnos lo han realizado. Nos nutrimos de sus experiencias y comentarios para completarlo con nuevos temas. Ya os comentamos en esta misma newsletter que las segundas generaciones de origen migrante era uno de los temas que nos habíais solicitado y que ya habíamos incorporado. Hoy os hablamos de otro de los temas que más nos pedís y que pronto engrosará el temario del curso: el duelo en la distancia.
En el año 2017 se presentó el libro “Volveremos, memoria oral de los que se fueron por la crisis”. Yo, recién llegado a España, acudí a la presentación esperando encontrar algo de comprensión ya que acababa de regresar tras varios años en Berlín. Durante la presentación se hizo una videollamada con un emigrante en Canadá que dijo algo que me quedo grabado: “Yo elijo los entierros a los que voy”. El emigrante contaba que venir a España le suponía un desembolso económico y un gasto de vacaciones en el trabajo al que no podía hacer frente siempre que lo deseaba. Por eso, cuando fallecía un familiar, debía de elegir si venir a su entierro o no hacerlo.
Vivir un duelo en la distancia es una de las experiencias más duras que puede atravesar una persona migrante. No poder estar, no poder acompañar, no poder despedirse. Las ausencias se sienten más agudas cuando se viven en soledad, sin los ritos compartidos del duelo. La muerte, cuando sucede lejos, desgarra doblemente.
En la película “1 franco, 14 pesetas” que tan bien representa los retos de la emocionales de la emigración, el protagonista, Martín, recibe una llamada en Suiza para informarle de que su padre está muy enfermo. Expresa entonces con una sencilla frase el miedo de muchos emigrantes: “No voy a llegar, no me voy a poder despedir”.
El duelo migratorio está marcado por la distancia, no solo física, sino emocional. A veces, como en el caso de Martín, no se recibe la noticia a tiempo. Otras veces, se renuncia a regresar porque los costes son inasumibles, o porque no se quiere perder un trabajo conseguido con tanto esfuerzo. Y en medio de esa decisión, aparece el sentimiento de culpa: por no haber estado, por haber elegido otro camino, por haber “abandonado” a quienes se quedaron.
Los migrantes conviven con un miedo latente: el temor a que algo malo suceda a sus seres queridos mientras ellas están lejos. Es un miedo que rara vez se expresa en voz alta, pero que habita en cada llamada que no se responde, en cada mensaje que tarda más de lo habitual. Vivir con esa carga emocional requiere de recursos internos, redes de apoyo y, en muchos casos, acompañamiento profesional.
Hoy, con los años de experiencia acumulada en Volvemos, sabemos que este tipo de experiencias no son anecdóticas. Forman parte del viaje migratorio. La migración no solo transforma realidades cotidianas y trayectorias laborales, también toca lo más íntimo: el vínculo con nuestras raíces, con nuestras familias y con nuestras emociones. Y acompañar esos procesos (entenderlos, nombrarlos, darles espacio) es una parte esencial del trabajo que hacemos.
Por eso insistimos en que migrar es aprender a vivir entre dos mundos, con las renuncias y los duelos que eso implica. Y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de estar presentes, de acompañar a los nuestros en la distancia y perdonarnos por no poder estar siempre en todas partes.
Como os decíamos, el duelo en la distancia pronto formará parte del temario de nuestro curso de psicología de la migración, que desde hoy y hasta el 31 de agosto tiene un precio de matricula reducido de 149€ para receptores de esta newsletter. Para matricularos y hacer uso del descuento pinchad en el siguiente botón:
Esperamos que tengáis un excelente día
El equipo de Mentes Migrantes




Se muy bien lo que ce dice en este artículo. meintras que vivia en un otro pais, 3 personas que queria mucho murieron, y tome la decicion (muy logica en esos dias) de no regresar por el entierro. a distancia de anos, me duele.